Obras

¡Cuida tus pasos!, 1998acero, madera214 "× 105" × 100 "

Según sus palabras, sus últimos trabajos son “recreaciones magnificadas” de materiales sobrantes de construcciones. Construcciones que en este caso significan viviendas; habitaciones como cuerpos de bloques, ladrillos y cemento; columnas coronadas de barrotes buscando el cielo. Volúmenes que se niegan a dejar de crecer y sumar espacios, a veces desafían a lo estático, siempre a la seguridad de sus habitantes, muchos en su convención en estructuras abigarradas propias de las imágenes de los barrios marginales latinos.

Excedentes de molduras, tablas y listones de madera reutilizados una y otra vez para luego ser desechados.

La metáfora del ataúd o sarcófago con el “rancho” (casas pobres latinas) se hace evidente, aunque trata bien pero de otra manera; en las últimas habrá que vivir las personas, en las primeras la muerte encontrará su refugio completo.

En cualquier caso, hablábamos no sólo de una forma de “reflexión visual” de todos los artistas, sino de resultados precisos de una sorprendente capacidad artesanal. Transformador, de una ejecución virtuosa que, igualmente lo domina, a veces peligrosamente, y otras veces logra enmascarar un drama de miedos y pavores insospechados, sentimientos que acaban por constituir el aspecto más relevante del discurso de este joven escultor. Enmascarar aquí significa develar, descubrir, expresar a través de la materia dura que maneja, la fragilidad sensible que el artista necesita declarar.

El axioma así se refiere a aquellos otros materiales, efímeros e inadecuados una vez utilizados; despreciados cuando ya no sirven.

Construcciones, testimonios, testigo de la ejecución consumada, reliquias del sacrificio pagado.

“Denuncias de un proceso que sabemos indispensable a lo largo de la historia occidental, no por ello omite contener la carga de angustia que permite descubrirnos atrapados en los miedos cotidianos, igual a los que el artista intenta exorcizar. Al invertir la dirección en la que apuntan los metales retorcidos que ya no penetran ni fijan, sino que salen del cuerpo de la madera lacerada, al partir del cuerpo prefigurado en el molde o molduras de madera, el artista responde violentamente a la violencia que lo acosa. . Temerariamente queda atrapado en la trampa que desea superar, y en un momento de liberarse del dolor, ahora comienza lentamente a comprender, lentamente comienza a valorar. El dolor ineludible, es el precio que todos debemos pagar alguna vez si queremos crecer, si deseamos madurar.”

–Miguel Von Dangel

Exposiciones

20 de septiembre de 1998 - 15 de abril de 1999 Todo lo que es sólido